7 sept 2008

NO PRETENDEN QUE LA ECONOMÍA SEA MÁS IGUALITARIA, Y NO PRETENDEN COMPARTIR PODER


31/08/2008

El modelo financiero ha sido un gran éxito desde el punto de vista de quienes se hallan en la cúspide de la pirámide". Entrevista

Michael Hudson


“El modelo financiero ha sido un gran éxito desde el punto de vista de quienes se hallan en la cúspide de la pirámide (…). La economía se ha polarizado a punto tal, que el 10% más rico de la población posee el 85% de la riqueza nacional. Nunca antes el 90% de la población restante había estado tan endeudada, nunca antes había dependido tanto de los ricos. El poder de éstos sobrepasa con mucho al que hayan tenido en cualquier época de la que quede constancia estadística. Tiene usted que darse cuenta de que lo que ellos de verdad pretenden es arrasar la Ilustración, terminar con la filosofía moral y los valores sociales de la economía política clásica, que culminaron en la legislación de la Era Progresista, así como en las instituciones del New Deal.

No pretenden que la economía sea más igualitaria, y no pretenden compartir poder. La codicia de la elite rica es (como bien observó Aristóteles) infinita. De modo que lo que a usted le parece una violación de los valores tradicionales lo que es, en realidad, es una reafirmación de los valores preindustriales, feudales. La economía está retrocediendo por un camino que lleva a la servidumbre por deudas.”

Mike Whitney entrevistó el pasado 29 de agosto al economista Michael Hudson sobre la crisis económica y financiera mundial y sobre el horizonte político de la misma. La función de la hegemonía del dólar, la polarización social resultante de las dinámicas financieras de las últimas décadas, la interesada incompetencia de los economistas ortodoxos, los silencios de los medios de comunicación, el ataque de fondo a los valores morales y políticos de la Ilustración por parte de una elite ultrrica o el rumbo emprendido por la actual economía hacia una servidumbre por deudas de la población trabajadora: sobre esos y otros temas versa la entrevista. Profundo científicamente, político de cabo a rabo y, como siempre, expedito y original en su forma de argumentar, el respetado experto norteamericano en mercados financieros y política fiscal sigue ofreciendo análisis económico-políticos tan claros como aleccionadores de la coyuntura económica estadounidense y mundial.

El déficit por cuenta corriente de los EEUU ronda los 700 mil millones de dólares. Un capital “prestado” suficiente para sufragar el coste de los 120 mil millones de dólares anuales de la guerra en Irak, de todo el presupuesto del Pentágono –450 mil millones de dólares— y de los recortes fiscales de Bush a los ricos. ¿Por qué el resto del mundo persiste en financiar el militarismo estadounidense a través del déficit por cuenta corriente, o es ello, acaso, la inevitable consecuencia de la desregulación monetaria, de la “hegemonía del dólar” y de la globalización?

Como expliqué en mi libro Superimperialismo, los bancos centrales de otros países compran dólares, no porque piensen que los activos en dólares son “buena compra”, sino porque si no reciclaran sus excedentes comerciales y los gastos de consumo y militares de los EEUU comprando bonos emitidos por el tesoro norteamericano, por Fannie Mae y por otros, sus monedas se apreciarían respecto del dólar. Eso colocaría a sus exportaciones fuera de los mercados mundiales dolarizados. De modo que los EEUU pueden gastar más y más dinero tan ricamente.

La solución es: 1) controles de capital, a fin de bloquear los ingresos en dólares; 2) tarifas variables frente a las importaciones procedentes de economías dolarizadas; 3) compra de inversiones estadounidenses en países receptores de dólares (de modo que Europa y Asia usarían los dólares de sus bancos centrales para comprar inversiones privadas estadounidenses según su valor contable; 4) exportaciones subsidiadas a economías dolarizadas con moneda depreciada y respuestas similares a las que adoptarían los EEUU si estuvieran en la posición de un país con excedente de pagos. En otras palabras, Europa y Asia tratarían a los EEUU como los chicos norteamericanos del Consenso de Washington tratan a los deudores del tercer mundo: haciéndose con sus materias primas y con otras industrias suyas, con sus plantaciones exportadoras y con sus gobiernos.

El economista Henry Liu ha dicho hace poco lo siguiente: “La hegemonía del dólar permite a los EEUU apropiarse indirecta pero substancialmente de toda la economía global, exigiendo la denominación de su propia riqueza en dólares fiduciarios que los EEUU pueden imprimir a voluntad sin apenas castigos monetarios… El comercio mundial es ahora un juego en el que los EEUU producen dólares fiduciarios de incierto valor de cambio y valor intrínseco cero, mientras el resto del mundo produce bienes y servicios que pueden comprarse con dólares fiduciarios a ‘precios de mercado’ fijados en dólares.” ¿Exagera Liu, o es que la Reserva Federal y las elites bancarias occidentales proyectan realmente mantener el control imperial sobre la economía real por la expedita vía de asegurar que el grueso de la energía, de las mercancías y de los bienes manufacturados se denominen en dólares? Si tal es el caso, parecería que el actual “valor nominal” del dólar no importa mucho, mientras siga siendo usado en la compra de mercancías. ¿Es así?

Henry Liu y yo hemos venido discutiendo eso desde hace unos cuantos años. Estamos completamente de acuerdo. El texto que usted cita da en el clavo. Sus artículos en Asia Times proporcionan un análisis periódico de la hegemonía del dólar.

Qué relación guarda el estancamiento de los salarios de los trabajadores con la actual crisis crediticia? Si los salarios de los trabajadores se hubieran mantenido a la par con la tasa de producción, ¿no habría sido acaso menor la probabilidad de terminar en una situación como la actual? Y si eso fuera cierto, ¿no deberíamos centrarnos ahora más en la resindicalización de la fuerza de trabajo, en vez de buscar soluciones en el patético Partido Demócrata?

La crisis crediticia deriva de “la magia del interés compuesto”, esto es, de la tendencia de las deudas a duplicarse y a reduplicarse. Cualquier tasa de interés es un tiempo de duplicación. No hay producción de economía “real” ni excedente económico algunos que puedan aguantar esa tendencia de la deuda a crecer cada vez más rápidamente. De manera que la crisis financiera se hubiera dado de todos modos, independientemente del nivel de los salarios.

Es muy sencillo: el precio de la propiedad de la vivienda tiende a absorber todo el ingreso personal disponible del propietario. De modo que si los salarios hubieran crecido más rápidamente, el precio de la vivienda, simplemente, habría crecido más rápidamente, en la medida en que los empleados habrían dispuesto de más dinero para sostener hipotecas más onerosas. El estancamiento de los salarios no hizo sino mantener el freno sobre el precio de la vivienda, contribuyendo a que éste se quedara en niveles estratosféricos, y no ionosféricos.
En lo que hace a los sindicatos norteamericanos, no han sido de ninguna ayuda para resolver la crisis de la vivienda. En Alemania, en donde me hallo precisamente ahora, los sindicatos han patrocinado cooperativas, como solía hacerse antes en Nueva York, con costes bajos para sus miembros. De manera que, en Alemania, los costes de vivienda solo absorben el 20% del presupuesto familiar, la mitad que en los EEUU [en España, el 46,2%; T.]. Imagine qué podría hacerse si los fondos de pensiones hubieran invertido su dinero en construir vivienda para sus contribuyentes, en vez de colocarlo en el mercado de valores para comprar y hacer pujas por las acciones que los altos ejecutivos y otros con información privilegiada vendían.

Cuando los políticos o los miembros del establishment de la política exterior hablan de la “integración” de Rusia o de China al “sistema internacional”, ¿qué quieren decir exactamente? ¿Quieren decir el sistema denominado en dólares y gobernado por la Fed, el Banco Mundial, el FMI y la OMC? ¿Comprometen los países su soberanía nacional al participar en el sistema económico hegemonizado por los EEUU?

Por “integrar” entienden absorber, como un parásito integrando al huésped en su propio sistema de control. Lo que quieren decir es que, con las normas de la OMC y del FMI, se prohibirá a otros países llegar a ser ricos por la vía que por la que llegaron a serlo los EEUU en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX. Sólo a los EEUU les será permitido subsidiar su agricultura, una suerte de privilegio concedido al veterano de los precios subsidiados. Sólo los EEUU tendrán libertad para aumentar los tipos de interés con objeto de estabilizar su balanza de pagos, y sólo los EEUU pueden dedicar su política monetaria a la promoción del crédito barato y de la inflación de los precios de los activos. Y sólo los EEUU pueden desarrollar un déficit militar, obligando tan ricamente a pechar con ello a los bancos centrales extranjeros de los países recipientes de dólares. En otras palabras, no hay barra libre para los demás países, sólo para los EEUU.

Los otros países lo que hacen, en realidad, es ceder soberanía nacional. Los EEUU jamás han ajustado su economía para crear equilibrio con otros países. Pero para ser equitativos, en este respecto, sólo los EEUU actúan plenamente en interés propio. Por mucho, el problema es que otros países no “están jugando el juego”. No están actuando como gobiernos reales. Se necesitan dos para que uno vaya tan ricamente a la suya. Sus gobiernos se han convertido en “habilitadores” de la agresión económica estadounidense.

¿Cuál cree usted que sería la reacción de la administración Bush, si un país pequeño, como Suiza, hubiera vendido centenares de miles de millones de dólares de títulos hipotecarios carentes de valor a bancos de inversiones, a compañías de seguros y a inversores de los EEUU? No pleitearía y no exigiría responsabilidades? ¿Cómo se explica que China y las naciones de la UE, que fueron víctimas de ese fraude gigantesco, no hayan boicoteado los productos financieros estadounidenses o exigido reparaciones?

El derecho internacional no es claro en relación con el fraude financiero. La regla es el clásico caveat emptor. Los inversores extranjeros asumieron un riesgo. Confiaron en un mercado financiero desregulado como el estadounidense, que facilitaba superlativamente el ganar dinero con el fraude financiero. A fin de cuentas, lo que hicieron fue confiar en la desregulación neoliberal, en casa y en los EEUU. Inglaterra se halla ahora en el mismo lío. El proceso de “rendición de cuentas”, se suponía, radicaba en las empresas privadas norteamericanas de auditoría, así como en las agencias privadas de evaluación de riesgos. Los inversores extranjeros estaban tan obnubilados por la retórica del libre mercado, que terminaron creyéndose las fantasías de la “autorregulación” y de los mercados autorregulados tendentes al equilibrio, sin percatarse de la manifiesta tendencia del mundo realmente existente a la polarización económica y financiera.

En otras palabras, el grueso de los inversores extranjeros carecía de un cuerpo realista de teoría económica. Los EEUU pudieron limitarse a argüir que los inversores extranjeros debían aceptar las responsabilidades atinentes a sus malas inversiones, como se dice que hacen también los fondos de pensiones y otros inversores estadounidenses.

Hace poco, el Congreso aprobó una ley que confiere al secretario del tesoro, Henry Paulson, una autoridad sin precedentes para emplear el dinero que necesite a fin de mantener la solvencia de Fannie Mae y Fredie Mac. Paulson aseguró en el Congreso que no necesitaría más de 25 mil millones de dólares, pero lo cierto es que el voluminoso texto de la ley –400 páginas— le permite incrementar la deuda nacional en 800 mil millones. ¿Cómo afectará el rescate de Fannie/Freddie al dólar y al déficit presupuestario? ¿Contribuirá eso a disparar las tasas de interés?

La Fed puede reflotar la economía con dinero, al modo de Alan Greenspan, a fin de prevenir la escalada de los tipos de interés. Nadie sabe exactamente qué ocurrirá con Fannie y Freddie, pero todo apunta a que la crisis hipotecaria y financiera irá a peor, a mucho peor, el año que viene. Estamos ahora entrando en el ojo de la tormenta, cuando las hipotecas a interés variable se están revisando al alza y cuando los bancos norteamericanos tienen que pechar con la deuda existente en un mercado dominado por el temor de los inversores extranjeros a que esos bancos se hayan quedado sin valor neto.

De manera que el principio aquí es: “el pez gordo se come al chico”. Wall Street será rescatado, y se permitirá que los bancos “consigan abrirse camino para salir de la deuda”, como se hizo después de1980 mediante la explotación de los consumidores al detalle, sobre todo los consumidores con tarjetas de crédito y los prestatarios individuales. Habrá una muchedumbre de quiebras, y la gente sufrirá más que nunca a causa de la ley de quiebras, absolutamente favorable a los acreedores, que aprobó el Congreso a instancias de los lobbies bancarios.

Hace unos meses, el Wall Street Journal publicó un editorial describiendo dos posibles escenarios de pesadilla, en caso de que la actual crisis crediticia no fuera abordada correctamente: o bien se produciría un movimiento especulativo contra el dólar, que resultaría en su desplome; o bien la quiebra inesperada de una institución financiera importante provocaría el crash del mercado de valores. La semana pasada, el exjefe del FMI Kenneth Rogoff provocó un alud de ventas en Wall Street al afirmar: “lo que está por venir en los próximos meses no es el hundimiento de unos cuantos bancos de mediano tamaño; lo que está por venir es una megahamburguesa; lo que veremos es la quiebra de uno de los grandes bancos de inversión o comerciales”. ¿Qué pasa, si Rogoff está en lo cierto, y Merril, Citi o Lehman se van al garete? ¿Bastaría eso para poner al mercado de valores en situación de caída libre?

No necesariamente. Citibank sería nacionalizado, y luego vendido. El principio rector sería: si un banco es “demasiado grande para quebrar”, deberá ser intervenido y rescatado. Habría que comenzar por revocar la revocación de la ley Glass-Stegall a que procedió la administración Clinton. En lo que hace a Lehman, se le aplicaría el tratamiento dado a Bear Stearns, con venta final (probablemente a un fondo hedge). Merril es mucho más grande, pero podría ser despiezado, supongo. El índice financiero del mercado de valores se desplomaría, pero no necesariamente los precios de las acciones industriales.

De acuerdo con el MarketWatch: “En tres meses, de abril a junio, las ganancias de los bancos registraron los segundos peores números desde 1991… Las ganancias del trimestre sumaron sólo 5 mil millones, a mucha distancia de los 36,8 mil millones del mismo trimestre del año pasado, una bajada del 86,5%”. En el mismo sentido, y conforme a un artículo de primera plana del Wall Street Journal: “Las instituciones financieras tendrán que pagar al menos 787 mil millones de dólares en obligaciones a tipo variable y en otras obligaciones a medio plazo antes de fines de 2009”. ¿Cómo pueden enfrentarse los bancos al pago de cerca de 800 mil millones (¡200 mil millones antes de diciembre!) con ganancias tan mediocres como 5 mil millones en un trimestre? ¿Y cómo diablos puede la Reserva Federal mantener en funcionamiento el sistema bancario, si las ganancias ni siquiera cubren el pasivo corriente? ¿Acaso tienen los bancos alguna fuente secreta de ingresos desconocida para nosotros, o es que realmente el sistema marcha hacia el desastre?

La manera tradicional de pagar deudas es endeudándose más. Lo que se hace, simplemente, es añadir al principal de la deuda los intereses debidos, de modo que la deuda crece exponencialmente. Ese es el significado real de la “magia del interés compuesto”. Significa, no sólo que los ahorros destinados a acumular interés mantienen ritmos de duplicación y reduplicación, sino que también lo hacen las deudas, porque los ahorros que se destinan al préstamo en el lado de los activos de la contabilidad del acreedor (en los EEUU de hoy, el 10% más rico de la población) se convierten en deudas en el lado del “pasivo” de la contabilidad (el 90% restante de la población).

Los bancos no tienen una fuente secreta de ingresos. La fuente salta a la vista. Lo que harán será entregar sus hipotecas basura a la Reserva federal y tomar dinero prestado por el valor nominal de esa basura, para que el gobierno se quede con ella. La Fed puede, o bien tomar el control del banco, como hizo el Banco de Inglaterra con Northern Rock cuando hace unos meses quebró, o puede permitir que el banco “gane” dinero timando a sus clientes un poco más.

Entre 2000 y 2006, el valor total de venta al público de la vivienda en los EEUU se dobló, pasando aproximadamente de 11 billones de dólares a 22 billones en sólo 6 años. En los últimos doscientos años, la evolución de los precios de la vivienda a duras penas mantuvo el ritmo de evolución de la inflación, normalmente, con incrementos anuales de entre el 2% y el 3%. Los bajos tipos de interés auspiciados por la Reserva federal han sido la causa principal de esa burbuja inmobiliaria sin precedentes; sin embargo, el exjefe de la Fed Alan Greenspan niega ahora toda responsabilidad en lo que The Economist llama “la mayor burbuja de la historia”. ¿Entendía Greenspan los problemas que estaba creando con sus políticas monetarias “laxas”, o había otros motivos en su actuación?

Simplemente, no se preocupó del problema. Él se vio en el papel de animador de una fiesta para gentes capaces de enriquecerse rápidamente. Esas gentes fueron siempre sus principales clientes en sus años en Wall Street, y su tarea allí, según él mismo la entendía, era la de un criado, una especie de pez piloto para tiburones.

La idea de “creación de riqueza” del señor Greenspan consistía en tomar la línea de menor resistencia e hinchar los precios de los activos. Creía que el camino para permitir que la economía manejara sus excesos de deuda pasaba por hinchar los precios de los activos, de modo que los deudores pudieran tomar préstamos a intereses menguantes ofreciendo un colateral (bienes raíces, acciones y obligaciones) que no dejaba de crecer en el mercado de precios. En su primitiva visión à la Ayn Rand del mundo, una manera de ganar dinero era económica y socialmente tan productiva como cualquier otra. Comprar una propiedad y esperar a que su precio se hinchara lo consideraba tan productivo como invertir en nuevos medios de producción.

Ya desde sus días como cofundador de la NABE (Asociación Nacional de Economistas de Empresa, por sus siglas en inglés), Greenspan se limitaba a observar, como indicadores económicos “libres de valores”, el PIB y la contabilidad nacional. Esa es su limitación intelectual y conceptual. Ardía en deseos de proporcionar una vía por la que los peritos en inversiones pudieran hacerse ricos, y la manera más expedita de hacerse rico es no dar golpe y conseguir barra libre. Su ideología le llevó al ideario de “libre mercado”, según el cual el sector financiero se autorregularía, y así, se comportaría honradamente. Pero lo que hizo fue abrir las compuertas de los diques de contención a los granujas financieros. Su vara de medir no distinguía entre el enriquecimiento de Countrywide Financial o el enriquecimiento de Enron y la expansión de los medios de producción de General Motors u otras compañías industriales. De modo que la economía se ahuecó, lo cual, sin embargo, no se reflejaba en ninguno de los índices métricos a los que él prestaba atención desde su poltrona en la Reserva federal.

Así que, cuando los periodistas y los medios de comunicación proclamaban como una “sorpresa” de todo punto “inesperada” cualquier bajón en el mercado, él mismo andaba tan perdido como un lemming corriendo a piñón fijo hacia el despeñadero. Es un instinto inherente a los chicos del libre mercado.

El mercado inmobiliario está en caída libre, marcando día tras día nuevos récords en lo tocante a embargos, volumen de invendidos y bajada de precios. El sistema bancario se halla en una condición todavía peor; descapitalizado y enterrado bajo una montaña de activos desvalorizados. Parece haber un consenso creciente en que esos problemas no son sólo parte de un bajón económico, sino el resultado directo de las políticas monetarias de la Fed. ¿Estamos asistiendo al colapso de los modelos de banco central como forma de regulación de los mercados? ¿Cree usted que la actual crisis terminará reforzando al sistema actual, o al revés, que su fracaso facilitará el que el pueblo norteamericano gane mayor control sobre la política monetaria?

¿Qué quiere usted decir con “fracaso”? Su perspectiva es la de una mirada de abajo arriba. Pero el modelo financiero ha sido un gran éxito desde el punto de vista de quienes se hallan en la cúspide de la pirámide, mirando de arriba abajo. La economía se ha polarizado a punto tal, que el 10% más rico de la población posee el 85% de la riqueza nacional. Nunca antes el 90% de la población restante había estado tan endeudada, nunca antes había dependido tanto de los ricos. El poder de éstos sobrepasa con mucho al que hayan tenido en cualquier época de la que quede constancia estadística.

Tiene usted que darse cuenta de que lo que ellos de verdad pretenden es arrasar la Ilustración, terminar con la filosofía moral y los valores sociales de la economía política clásica, que culminaron en la legislación de la Era Progresista, así como en las instituciones del New Deal. No pretenden que la economía sea más igualitaria, y no pretenden compartir poder. La codicia de la elite rica es (como bien observó Aristóteles) infinita. De modo que lo que a usted le parece una violación de los valores tradicionales lo que es, en realidad, es una reafirmación de los valores preindustriales, feudales. La economía está retrocediendo por un camino que lleva a la servidumbre por deudas. El "camino de servidumbre" no es el progreso económico públicamente patrocinado y estimulado; es, al revés, el desmantelamiento de la economía pública y del Estado, la disolución de las agencias reguladoras, a fin de crear una nueva elite de tipo feudal.

La antigua Unión Soviética suministra un modelo de lo que los neoliberales querrían crear. No sólo en Rusia, sino también en los Estados bálticos y en otras antiguas repúblicas soviéticas, lo que se hizo fue crear cleptocracias locales, al estilo de Pinochet. En Rusia, los cleptócratas fundaron un partido local explícitamente pinochestista, el Partido de las Fuerzas de Derecha.

Para que el pueblo norteamericano, o cualquier otro pueblo, pueda llegar a tener más control sobre la política monetaria, lo que necesita, por lo pronto, es una doctrina económica que fije lo que debería ser una buena política monetaria. A comienzos del siglo XIX, los seguidores de St. Simon en Francia empezaron a desarrollar una doctrina así. A fines de ese siglo, la Europa central la aplicó políticamente, movilizando el sistema bancario y financiero para promover la industrialización de forma conjugada con el Estado (y, para decirlo todo, usando como catalizador el gasto militar y naval). Pero todo eso desapareció de la historia del pensamiento económico, y a punto tal, que ni siquiera se menciona ya a los estudiantes de economía. Los Chicago Boys han conseguido censurar cualquier alternativa a su racionalización, en términos de libre mercado, del despojo de activos y de la polarización económica.

Mi modelo pasaría por convertir a los bancos centrales en parte del Tesoro, no simplemente en un comité de directores diligentemente serviles del rapaz sistema bancario comercial. Usted mencionaba antes los escritos de Henry Liu, y yo creo que él ha llegado a la misma conclusión en sus artículos para el Asia Times.

¿Ve usted a la Reserva federal como una organización económica diseñada principalmente para mantener el orden en los mercados a través de los tipos de interés y de medidas regulativas, o como una institución política cuyos objetivos son imponer al resto del mundo un modelo de capitalismo dominado por los EEUU?

¿Está usted de broma? La Fed ha convertido “mantener el orden” en un eufemismo de consolidar el poder del sector financiero, y más en general, de todo el sector FIRE (Finanzas, Seguros, Bienes Raíces, por su acrónimo en inglés) sobre la economía “real” de la producción y el consumo. Sus dirigentes ven el ejercicio de su tarea como una comisión cuyo comitente es el sistema bancario y consistente en permitir que ese sistema gane dinero procedente del resto de la sociedad. Actúan como un comité de directores encargados de combatir la regulación, de apoyar a Wall Street, de bloquear cualquier revigorización de leyes antiusura, de promover unos “mercados libres” prácticamente indistinguibles del fraude financiero descarado, de despenalizar las malas prácticas, y sobre todo: encargado de hinchar el precio de la propiedad en relación con los salarios de los trabajadores y aun en relación con los beneficios de los industriales.

La tarea de la Fed no es realmente imponer el Consenso de Washington al resto del mundo. Esa es la tarea del Banco Mundial y del FMI, coordinados a través del Tesoro norteamericano (del modo más palmario, con Robert Rubin durante la administración Clinton) y de la Agencia Internacional para el Desarrollo y apoyados con acciones encubiertas de la CIA y del National Endowment for Democracy. No se necesitan políticas monetarias para hacer eso; basta el ingenio truhanesco a gran escala… y llamarlo cabildeo a favor de la promoción de los valores “democráticos”: valores consistentes en combatir la capacidad de los Estados para regular o controlar las finanzas en todo el mundo. El poder financiero es inherentemente cosmopolita, y como tal, antagónico del poder de los gobiernos nacionales.

La Fed y otras agencias gubernamentales, Wall Street y el resto de la economía forman parte de un sistema de conjunto. Ha de verse cada agencia en el contexto de ese sistema y de sus dinámicas. Y esas dinámicas son dinámicas de polarización que echan su raíz, sobre todo, en mecanismos financieros. De modo que volvemos a la “magia del interés compuesto”, ahora ampliado para incluir la “libre” creación de crédito y el “libre” arbitraje.

El problema es que nada de eso está incluido en el currículum académico. Y el silencio de los principales medios de comunicación, la incapacidad de los mismos para informar de esos asuntos, o aun para reconocerlos, hace que resulten invisibles, salvo para sus beneficiarios, que son quienes manejan el sistema.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

LA ACADEMIA Y EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO







Crisis del pensamiento latinoamericano

Por Rafael Correa

Una pregunta clave, que todo cientista social alguna vez se ha formulado, es la que lleva a interrogarse por el sentido de la labor científico-social: ¿Qué es lo que en rigor justifica la existencia y desarrollo de las ciencias sociales? ¿Cuál es la misión que como científico social le corresponde a cada uno de nosotros ante la dinámica, contradictoria y en muchos aspectos dolorosa realidad del mundo contemporáneo? Si bien se pueden dar múltiples respuestas, en términos generales, podríamos decir que los académicos buscamos contribuir a aumentar nuestra comprensión de los fenómenos del mundo social para incrementar también nuestra capacidad de actuar en la construcción de una sociedad mejor de la que todos podamos y puedan beneficiarse.

Particularmente, en el campo social, una teoría que no implique claros corolarios de política para mejorar la realidad, es sencillamente una teoría inservible. No obstante, surgen algunas preguntas que esconde esta respuesta general. Cuando decimos "nuestra comprensión de los fenómenos" a ¿quiénes nos referimos con NUESTRA comprensión? Y cuando hablamos de una sociedad mejor, ¿cómo estamos entendiendo la palabra MEJOR? RESPECTO A LO PRIMERO hay que señalar que existen diferencias entre la comprensión que realiza la academia de aquella que se da en otros espacios de saber. El tipo de explicaciones que construye el discurso académico, a diferencia de otros como el del sentido común, el del sofista o el del mismo político, se basa en un proceso específico para producir sus argumentos y verificarlos. Esto no significa menospreciar o no buscar formas de diálogo entre diferentes saberes y experiencias, ni creer que existen jerarquías entre ellos.

El argumento científico-social no se justifica a través de la intuición, de la creencia o del deseo sino a través de un procedimiento reflexivo que reconozca el error, los mecanismos que lo producen, las formas de superarlo dejando intacta la capacidad de descubrimiento. Como diría Pierre Bourdieu no se trata simplemente de una metodología abstracta que funciona como un manual -como conjunto de reglas aplicables a todos los casos- y como garantía inequívoca de cientificidad. Justamente porque la obediencia incondicional a un órgano de reglas lógicas tiende a producir un efecto de clausura prematura para el descubrimiento.

Más bien se trata de una actitud de vigilancia epistemológica en donde no sólo hay un esfuerzo por captar la lógica del error sino un esfuerzo para construir una lógica del descubrimiento de la verdad. En este sentido, puede decirse que el académico-investigador busca el mayor grado de "objetividad" posible. El ideal sería que a través de la transparencia de la metodología (de las operaciones realizadas y de las justificaciones esgrimidas para cada decisión) y de la democratización de la información cualquier persona pueda lograr la reproducibilidad de los resultados y conclusiones encontradas. De esta manera, a través de un juego dialéctico, se podría seguir mejorando la calidad en el conocimiento de la realidad.

Respecto a lo SEGUNDO, es decir qué entendemos por un mundo mejor, surge uno de los peligros más graves que se esconden bajo el discurso académico: este es tratar de igualar objetividad con neutralidad y, por lo tanto, deslindarse del inevitable carácter político que entraña todo quehacer docente e investigativo, especialmente en ciencias sociales. Siguiendo a Boaventura de Sousa Santos, creo que es fundamental distinguir entre objetividad y neutralidad.

Debemos querer ser científicos sociales objetivos pero no neutros, y ello significa utilizar las mejores metodologías que las ciencias sociales nos ofrecen y hacerlo con la mayor rigurosidad, imparcialidad y autonomía posibles. Pero a su vez, hay que tener claro en qué lado estamos, es decir, cómo construimos nuestro problema de investigación, nuestro objeto de estudio, cómo formulamos nuestras hipótesis de trabajo, cómo elegimos la estrategia metodológica y hasta las mismas técnicas de investigación. Tal no neutralidad (inevitable en nuestro oficio) nos lleva indiscutiblemente a las posiciones políticas, sociales, culturales, etc. que encarnamos necesariamente y sobre las cuales es indispensable tener vigilancia constante. Pero atentos, vigilar no es lo mismo que negar.

Ejemplo: mi Patria.

Una vez que tenemos claras estas distinciones, podemos ahora preguntarnos por ejemplo: ¿De dónde surgen los temas de investigación en las ciencias sociales actuales? ¿Desde qué lugar se construyen las preguntas de investigación? ¿Cuál es la economía política de las teorías dominantes en las ciencias sociales? lo que nos lleva a plantear ¿cuál es la forma de producción del conocimiento que parece funcionar en la academia de América Latina? Estas preguntas nos ubican en un espacio de reflexión sobre lo que ha acontecido en las últimas décadas en la academia latinoamericana y de lo que la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), creo yo, no ha podido escapar.

Como mencionamos anteriormente: la crisis de pensamiento latinoamericano. Ej. De máxima expresión de esa crisis: el Consenso de Washington. Sin temor a equivocarme sostengo que los espacios académicos son espacios de disputa ideológica en pos de construir hegemonía de unos intereses por sobre otros, de unas visiones del mundo por sobre otras. Se trata de imponer significaciones sobre lo que llamamos "realidad" y de esta forma construirla y lo que en última instancia cada uno de nosotros entendemos por un mejor mundo. En esta línea, el espacio académico latinoamericano fue prácticamente colonizado por un conjunto de teorías y recetas metodológicas que surgieron de los países centrales. Por ejemplo esto pudo verse en el predominio que adquirió la economía positivista y que se aplicó acríticamente y descontroladamente al campo de la ciencia social. Se produjo una suerte de homogeneización a un nivel muy profundo del quehacer investigativo y docente y sólo marginalmente ciertos reductos lograron resistir y disputar lo que se ha transformado en una suerte de sentido común de la academia.

El argumento esgrimido fue que tales teorías y procedimientos eran los únicos que garantizaban temas "pertinentes" a estudiar, perspectivas de análisis "objetivas" (confundido este concepto con neutralidad) y metodologías "científicas". El resto era justamente resto. Era residual. Siguiendo con nuestro ejemplo podemos pensar en el Racional Choice aplicado al campo de la Ciencia Política y en algunos casos hasta de la Sociología Política. Esto ha implicado el retorno del dominio de una metodología positivista a ultranza que solo da valor a lo que puede "observarse" (léase preferencias) y por lo tanto "medirse" y que menosprecia todo aquello que desde ese lugar se considera "subjetivo".

Teoría inservible. Ej. Aceite de carburador. (Entre paréntesis podríamos decir que este punto volvió a plantear de manera decidida la imagen de la academia como único espacio de saber válido y el menosprecio del diálogo con otros saberes. Así, se dejó de lado -entre otras cuestiones- aquellas perspectivas teóricas y metodológicas que hacían hincapié en la participación de los sujetos a investigar al considerar que eran ellos los principales beneficiarios de tales estudios). También involucró la generación de explicaciones unidimensionales que tendieron a dar cuenta de los fenómenos sociales siempre bajo un argumento similar y único: el hombre egoísta, atómico, maximizador, etc., etc. Bajo tal dominancia, la definición del "mundo mejor" que debe buscar la ciencia social, pudo reducirse a la optimización maximizadora individual de las utilidades, vista ésta principalmente, por las preferencias expresadas en cualquier MERCADO (político, cultural, económico, familiar, comunitario) vía el consumo (también de cualquier producto: voto, bien, dinero, amor, consumo cultural, etc.).

Además de ser una teoría en gran parte inservible, tremendamente reduccionista, pretendió presentar a las ciencias sociales como independiente de juicios de valor. Ej. Teoría de mercado, agentes racionales, intercambios voluntarios y chica perdida en el desierto. Una revisión de los diseños curriculares de los programas de formación en ciencia política, sociología y economía de muchas de las sedes FLACSO devela hasta qué punto esa dominancia también caló hondo en una institución que pretendía generar un pensamiento independiente y propiamente latinoamericano. Ni mencionar los programas que se conocen bajo el título de Gobierno y Asuntos Públicos o Administración y Políticas Públicas.

Lo que hay que darse cuenta es que estas teorías y las categorías de análisis a ellas asociadas, que cooptaron el espacio ideológico, nos impiden ver otras maneras de construir los problemas de investigación y los objetos de estudio relevantes para los proyectos de cambio en los que creemos. También invisibilizan la herencia intelectual de aquella academia latinoamericana, esa que hasta hace algunas décadas atrás se enorgullecía de sus avances y de su compromiso con la emancipación latinoamericana. No se trata de un retorno acrítico del pasado sino de una recuperación más justa de un legado que no ha sido suficientemente valorado. Con esta dominancia han desaparecido disciplinas y líneas completas de investigación como por ejemplo la Historia, la Sociología en su vertiente Agraria, los estudios de estructura social, de concentración económica, de desigualdad social, entre otros.

Es verdad que se han incorporado otros temas sumamente relevantes que tiene que ver con formas de exclusión social. Por ejemplo, el tratamiento de grupos conformados a partir de determinaciones de edad, como los jóvenes; de género como las mujeres, de origen étnico como los indígenas, de movilidad como los inmigrantes, etc. La academia ha sido particularmente sensible a estas problemáticas y a los grupos humanos que han sido históricamente privados de su voz. Esto puede verse en los múltiples proyectos que se han desarrollado por ejemplo en las sedes FLACSO y sobre todo en las tesis de investigación que esas sedes promueven. Como afirma Todd Gitlin, si bien la profusión de agentes sociales ocurrió en toda la sociedad, pensemos en la visibilidad que adquieren las minorías y los movimientos sociales en los últimos años, en ninguna parte parece haber resultado tan vigoroso como en el mundo académico.

Allí en los múltiples programas de estudio cada movimiento pudo experimentar el regocijo de una identidad basada en el grupo. El problema radica en que la expansión de lo que se dio en llamar la "política de la identidad" fue inseparable de la fragmentación política de lo compartido que se dio primeramente. El mundo universitario y académico ha adoptado estos nuevos temas desde un lugar poco crítico ya que en muchos casos tales líneas de investigación involucran el abandono de la preocupación por aquello que los seres humanos y grupos comparten. El estudio de la "identidad" se vuelve el estudio de una suerte de destino inexorable, en un mundo conformado por identidades intrínsecas y esencialistas que impiden conectarse con el otro. La voz de los sin voz puede terminar conformando así un nuevo silencio, funcional al paradigma dominante y la academia no ha sido ajena a ello.

ENTONCES, basándome en gran medida en lo planteado por Boaventura de Sousa Santos, quizás una deuda y un reto pendiente que tiene la FLACSO para construir durante sus próximos 50 años sea la decisión de invertir tiempo, dinero y recursos humanos en plantear aportes hacia una decidida revisión epistemológica y teórica sobre las ciencias sociales actuales. Una revisión desde una mirada latinoamericana, es decir, desde el SUR. Asimismo, la comprensión del mundo que realizan las ciencias sociales en muchos casos niegan la experiencia social y niegan los cambios sociales que están aconteciendo. Ej. Fin de la historia. Un conjunto de experiencias quedan así desperdiciadas, desconocidas, descredibilizadas por visiones hegemónicas. Así, lo que se presenta como la tesis es a lo sumo la teoría dominante.

Nuestro desafío debe ser enfrentar este desperdicio de experiencia social. Ello se logrará en la medida en que no sólo nos ocupemos de la discusión por las condiciones objetivas de la transformación de la sociedad sino de aquellas condiciones que hablan de la voluntad de cambio. Quizás hay que pensar en cómo crear una subjetividad rebelde y no una objetividad paralizante. En este sentido, lo que trato de decir es que no podemos salir de este atolladero con las ciencias sociales que tenemos porque son parte del problema. Hay que primero trabajar las ciencias sociales epistemológicamente. Nuestras formas de racionalidad emergen de la periferia y debemos tener en cuenta esto para producir un cambio en los esquemas de pensamiento como diría Edgar Morin.

En buena medida, como afirma Santos, esto pasará si nosotros pensamos las "ausencias" desde un lugar diferente. Me explico. Mucho de lo que no existe en la sociedad es producido como no existente lo que termina reduciendo "la realidad" (siempre construida) a lo existente. Una mirada desde las ausencias es un procedimiento insurgente para mostrar lo que no existe pero con un objetivo diferente y claro: buscar alcanzarlo. También implica ver lo que no existe todavía pero que está emergiendo, que da señales de vida. Por ejemplo, hacer una ampliación simbólica de un movimiento social o ciudadano. Sin romanticismos debemos credibilizar esta emergencia. También cuestionar aquellos conceptos que nos hablan de un tiempo que no es el nuestro y de un punto ya definido de llegada.

Así, en el tiempo andino e indígena lo ancestral no es parte del pasado como se nos dice sino del presente cotidiano; o las mismas nociones de países "desarrollados", de "progreso", de "modernización" y hasta de "globalización" nos hablan de un tiempo y un destino que nos son ajenos aunque los hayamos interiorizado como necesarios de ser alcanzados. Un primer paso para esto es repensar la noción de desarrollo. No desde un lugar modernizante o centrado solo en el crecimiento. Creo que esto ya está incluido en nuestro Plan Nacional el cual articula, más allá de las miradas economicistas, la relación del ser humano con la naturaleza, la relación entre las personas y la forma de perpetuar indefinidamente las culturas latinoamericanas. Por otra parte, hay que repensar el modo de producción del conocimiento. No olvidemos una vez más que lo que está en juego es la construcción de hegemonía. No necesitamos alternativas sino un "pensamiento alternativo de alternativas".

No queremos decir con esto que hay que negar el conocimiento del "norte" sino que hay que conocerlo para descubrir sus formas de construcción del saber, aquellas que lo vuelven hegemónico. También hay que reflexionar en torno a las condiciones en que la academia latinoamericana lleva a cabo su labor. En primer lugar es necesario pensar y relacionar el financiamiento con la producción investigativa. Muy frecuentemente las investigaciones y los programas de formación están condicionados por la fuente de financiamiento ya que no sólo definen cuánto se gasta sino en qué y cómo se gasta. En muchos casos, los programas surgen primero por la necesidad de fondos antes que por una necesidad académica. Esta forma de financiamiento ha promovido investigaciones de corto plazo, ligadas a proyectos puntuales de coyuntura y son desestimadas las investigaciones de problemas estructurales y de largo alcance.

Todas ellas, terminan reproduciendo el predominio de una lógica de la consultoría y la asesoría técnica más ligada a las ONG que a la academia. En el mejor de los casos las agendas investigativas de largo plazo son proyectos personales y no institucionales.

Todo esto ha producido que desaparecieran la idea de programas o líneas de investigación y solo parecieran relevantes las individualidades que se vuelven, islotes o archipiélagos de estatus. Por estas razones tampoco se trata de indagaciones de corte empírico. En la mayoría de los casos constituyen recopilaciones de fuentes secundarias, estados de arte, investigaciones bibliográficas o de generación de interpretaciones sin ningún respaldo en trabajos de campo. Esto también ha estado acompañado de un cambio relevante respecto al perfil del cientista social. El doble papel o utilidad de las ciencias sociales en tanto insumo técnico y espacio de productividad intelectual perdió su equilibrio en el marco de la creciente participación de estos recursos humanos en los procesos de transformación del Estado promovidos por las políticas neoliberales. La relevancia que adquieren los sociólogos, politólogos, antropólogo, entre otros, para abordar el diseño, evaluación y fundamentación teórica y metodológica de las políticas públicas de estos años no ha sido suficientemente valorado en términos de los efectos para la autonomía del campo y el papel político de tales recursos.

Frente a este problema, lo primero que es necesario recuperar es la autonomía de la producción investigativa y las agendas respecto al financiamiento, y la soberanía de la oferta de programas de formación en función de criterios académicos y de necesidades sociales. Uno de los mensajes que quiero dejar en claro es que parte de la crisis de pensamiento se debe al descrédito de la política que se vivió en las últimas décadas. La academia se autoinmoló tratando de visibilizarse como algo separado de la política a nombre de una objetividad confundida con neutralidad. Bajo el predominio del discurso tecnicista de los 1990 se dotó de toda la negatividad a lo político. Creo que debemos repensar qué entendemos por lo político en la academia. No se trata de justificar intereses políticos mediante las investigaciones o la docencia, sino de reconocer el carácter político de las visiones de realidad que construimos desde la academia. Esta es una responsabilidad que no se puede eludir.

Los invito entonces a construir una academia comprometida con las necesidades de América Latina y atenta a los procesos de cambio que hoy por hoy estamos experimentando. Y esto no es menor, quizás ahora no lo percibimos con claridad, no vemos materializada una revolución, pero eso no significa que no la estemos transitando. Ya hay señales de que estamos viviendo no sólo una época de cambios sino un cambio de época. Ayudémosla a nacer desde el lugar que nos toca ocupar en este tiempo histórico.

29 de octubre de 2007, Quito, Ecuador Notas: El presente texto es una síntesis del discurso inaugural brindado en ocasión del Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales conmemorativo del 50 aniversario de FLACSO (29 al 31 de octubre de 2007, Quito, Ecuador). La versión completa está disponible en Crítica y Emancipación. Revista latinoamericana de ciencias sociales (CLACSO, Buenos Aires, junio de 2008). Presidente de la República del Ecuador (15 de enero de 2007-15 de enero de 2011). Doctor (Ph.D.) en Economía por la Universidad de Illinois en Urbana - Champaign. Más información en www.rafaelcorrea.com.

10 ago 2008

LOS PROYECTOS DE PAIS QUE SE HAN INTENTADO

EL MURO EN UMBRAL (de cambio)

MARCO IDEOLÓGICO (categorías euro anglo céntricas)

ENTROPÍA Y ANTIPROYECTO

LOS PROYECTOS TRANSITADOS, VIGENCIAS Y HERENCIAS.

El equipo de investigación, análisis y debate-

Compilador (fáctico): Gustavo Cirigliano

Los Investigadores: Francisco J. Pestanha - Mario Casalla - Catalina Pantuso - Hugo Chumbita-Jorge Bolivar - Oscar Castelluci - Armando Poratti.

Coordinación político académica: Víctro Santa María - Horacio Ghilini - Daniel Bártolo - José Luis Di Lorenzo.

09/07/2008, Buenos Aires - Argentina


PROYECTO EL UMBRAL

Resignificar el pasado para conquistar el futuro.

“El intelectual argentino mira la realidad que tiene delante y suele no entenderla. Por ello acude al catálogo de categorías explicativas traído del extranjero…” Arturo Jauretche

EL UMBRAL en cambio, convocó a militantes del pensamiento nacional para que pongan su intelecto al servicio de la Argentina, con la finalidad de investigar nuestro pasado como nación para fortalecer nuestro presente como pueblo, aportando a un nuevo modelo argentino los ejes que nutren nuestra identidad y emergen de las herencias y vigencias de los que habitaron nuestra tierra. El desafío es lograr que la lucha por la idea vuelva a ser un sentimiento, y nos convoque a militarla.

El muro en umbral (de cambio).

Los argentinos, todos, tenemos que reconocer que ya nos movemos en el marco de catorce siglos de historia, con siete proyectos nacionales recorridos. Y que somos los dos personajes básicos de cada proyecto: el protagonista y el antagonista(1).

Construir el modelo argentino demanda como tarea previa derribar el muro que nos impide ver y asumir toda nuestra historia, todo nuestro territorio y el del continente del que somos parte. Muro que presenta la miseria como inmodificable, que nos limita a una lógica urbana y a la visión productiva del proyecto del 80, el de una Argentina circular que concentrada en la pampa agrícola ganadera dio espaldas a su interior y al resto de Suramérica. Muro que separa, que divide.

Este conjunto de investigaciones que en esta obra colectiva se desarrollan se propone convertir el muro en umbral de cambio para que lo que hasta ahora nos limita o separa nos una, para que lo que nos hiere se suture, para que reconozcamos todo nuestro pasado – el que nos gusta y el que nos disgusta- para consolidar el presente proyectando el futuro. Umbral que transpuesto por los que habitamos este suelo convierta el egoísmo en altruismo, la miseria en bonanza, en camino común el proyecto de los argentinos.

Próximos al bicentenario de la revolución de Mayo debemos asumir que tenemos por lo menos 1.400 años de historia y que hemos transitado siete proyectos de país diferentes, reflexión superadora del corsé ideológico que también a modo de muro intenta acotar nuestro pasado a la historia de los últimos 200 o a lo sumo 500 años, cuando en el mejor de los casos incluye la colonización española.

Porque

Toda la historia es nuestra historia. Todo el pasado es nuestro pasado. Aunque a veces preferimos quedarnos con sólo una parte de ese pasado, seleccionando ingenua o engañosamente una época, una línea, unos personajes; queriendo eludir tiempos, ignorar hechos y omitir actuaciones. (2)

Nos proponemos superar lugares comunes que ven la historia como un simple anecdotario, que confunden plan de desarrollo (cuantitativo) con proyecto de país (cualitativo), para desde la identidad que brota de nuestra tierra aportar al argumento o partitura para actuar y el discurso para entender la realidad.

¿Qué es el crecimiento?, ¿Qué entendemos por desarrollo?, ¿Con cuál desarrollo lo comparamos? Seguir creyéndonos que somos europeos, que los argentinos “descendemos” de los barcos, que el marco ideológico real es excluyentemente el euro anglo céntrico, es un muro que debemos convertir en umbral de liberación, transitando y asumiendo la propia práctica y el propio pensamiento, mestizo y situado.

La Patria, insistimos, tiene catorce siglos de historia, herencia que no puede ignorarse ya que contiene nuestra cultura liberadora, define nuestra personalidad social y nutre nuestra propia visión superando la auto céntrica de los países dominantes.

Las investigaciones que presentamos son producto del pensamiento y orientación del filósofo argentino Gustavo Cirigliano, de quien hemos asumido como punto de partida la estructura de análisis que en su libro “Metodología del Proyecto de País” formula:

“Somos siete proyectos y los siete son nuestros: son nosotros, No podemos seleccionar los hechos que nos gusten y desechar los ingratos…”. “Cada proyecto histórico, político o nacional (utilizamos los términos con similar significación) reacomoda, reorganiza, revalora los hechos según el nuevo significado que conforme a sus valores centrales adquieren. Así, si la Geopolítica es la reorganización de la geografía de siempre para hacer una nueva historia, cada Proyecto de País produce un reordenamiento espacial; en verdad sólo se da geopolíticamente en relación con un Proyecto Nacional, nunca en abstracto” (3).

Es claro que cuando un país o un individuo no deciden su proyecto vital se ve condenado a vivir en el proyecto de otro o en una suerte de existencia banal, no elegida, que lo sepamos o no, lo aceptemos o lo neguemos, es lo que desde 1976 nos pasa a los argentinos.

“Para los países con muchos siglos, su pasado (que es historia) es la fuente para la reflexión y para el análisis de su problemas. Para los pueblos con escaso pasado, o con poco pasado reconocido como tal, la historia se vive más como un futuro, como algo a realizar, como un proyecto”. (4)

El muro que oculta toda nuestra historia es funcional a asumir otras historias y no la propia. Así como la realidad territorial y espacial Argentina y suramericana es absolutamente diferente a la europea, el pensamiento abstracto euro anglo céntrico formula propuestas excéntricas a nuestra realidad, a nuestra identidad y a nuestra conveniencia.

“…un país al ser el despliegue de un proyecto asumido, puede ser comparado con una semilla, un fértil código genético que se va adaptando inteligentemente y superando las variadas circunstancias en razón de la idea/ideal que lo moviliza”

El modelo es una elaboración intelectual que un pensador, un político o un grupo propone; cuando esa propuesta/modelo es querida (decisión de la voluntad) se convierte en proyecto. Nuestro pasado, agrega Cirigliano, registra varios modelos propuestos y proyectos queridos.

Manuel Belgrano, José de San Martín, Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Perón, proponen modelos algunos convertidos en proyectos, como el que para el Proyecto del Ochenta inspira Alberdi, otros no, como el de la Argentina fluvial que Sarmiento propone bajo la denominación de Argirópolis, y el del Modelo Argentino propuesto por Perón el 1º de Mayo de 1974.

El esquema que ordena esta revisión plena de la historia conforme secuencia de proyectos asume lo que Rodolfo Kusch plantea cuando exige deslimitar el pensamiento parcializante que hoy tenemos y que no se anima a pensar el todo, terminando por eliminar lo que teme integrar.

Nos preguntamos ¿acaso no fue proyecto el de los habitantes que poblaron nuestro suelo desde el año 600? ¿Aceptar las visiones y categorías auto céntricas conducen a negar el carácter volitivo de quienes vivieron antes de la conquista hispana? ¿Aceptamos que eran seres inferiores? Y en ese caso, ¿inferiores a quién?

No asumir nuestra identidad impide asumamos nuestra ontología, no nos reconozcamos y no advirtamos el mestizaje biológico y cultural que se constata desde por lo menos hace 14 siglos y en los primeros habitantes de nuestra tierra, antes de la colonización hispana y del ingreso de corrientes migratorias de otros continentes. Porque en definitiva desaparecer nuestro pasado niega nuestra personalidad social e impide seamos libres.

Todo el pasado es nuestro pasado y no una porción de él elegida a nuestro antojo. Porque si no ¿de quién será ese pasado que existió pero es negado?, nos desafía nuestro filósofo Gustavo Cirigliano, a la vez que propone investigar el pasado de la Argentina como proyectos que se sucedieron, algunas veces autónomos o en busca de serlo, otras dependientes, con aspectos positivos o negativos, pero que no pueden eliminarse ya que aunque nos guste o no son nuestros.
Debemos tener presente que

“Cada época tiene su espiritualidad y es riesgosa esta práctica histórica posmoderna de interpretar los distintos proyectos de país, que, a su manera expresaron el espíritu de una época, con la eticidad y las sabidurías de otra. Aunque reconozco que es difícil eludir esta lógica, ya que ella a menudo nos atrapa. En este caso los textos comparados nos permiten advertir las diferencias profundas que las proyecciones, en su capítulo cultural, contienen, a partir de cosmovisiones, mostrando también sus utopías y escatologías” (5)

Asumir el estudio del antiproyecto lleva indubitadamente a acreditar que se trata de un primer proyecto totalizador de proyectos, el que justamente por ser un anti-proyecto niega todos los proyectos, constituyendo un agujero negro donde se hunden todos los proyectos. Salir del antiproyecto demanda la tarea que EL UMBRAL asume, retomar la propia historia –toda- para recuperar la posibilidad de proyectar y de organizar.

“Paradójicamente, el antiproyecto es el primer intento coherente de asumir la totalidad de la historia, pero en forma negativa. Es una totalización negativa. El octavo proyecto debería asumir esa misma totalidad de los proyectos anteriores, en forma positiva” (6)

Todo Proyecto Nacional es “modelo” y “contra modelo” para los proyectos nacionales que habrán de seguirle (principio Nº 11 de Metodología del Proyecto de País), de allí que el antiproyecto es contra modelo en tanto nos suministra experiencias y consecuencias negativas a evitar en el futuro.

Salir del antiproyecto da razón al esquema propuesto por Gustavo Cirigliano y justifica la revisión total de nuestra historia, negada, desaparecida por el modelo de sumisión incondicionada, que equivale a la esclavitud personal y anula toda posibilidad de argumento propio de vida histórica y pone en manos ajenas aún la decisión acerca de la continuidad como Nación.

La secuencia de Proyectos de País vividos cuya revisión se aborda es la siguiente:

Proyecto de los habitantes de la tierra (600-1536), porFrancisco José Pestanha.

La Argentina hispana o colonial (1536-1800), por Mario Casalla.

Las Misiones Jesuíticas, o la República Cristiana (1605-1768), por Catalina Pastuso.

Independentista (1800-1850), por Hugo Chumbita.

El Proyecto del 80 (1850-1976), por Jorge Bolívar.

El Proyecto de la Justicia Social (1945-1976), por Oscar Castellucci

El Proyecto de la sumisión incondicionada al Norte imperial y globalizador (1976 - …), por Armando Poratti.

Para la construcción del Proyecto octavo es legítimo rearmar la historia tal como lo hizo a su turno el proyecto del ochenta, cuando resignificó el pasado en función del proyecto que propiciaba. Liberarse impone reescribir la historia rescatando la ignorada, superando el limitado eje que pretende que la Argentina nació en 1810.

El desafío es contactar e integrar los 14 siglos de nuestra historia y sus siete proyectos, analizándolos, contextualizándolos y describiendo su forma organizativa, para que la información valorada constituya el cimiento para el Proyecto Octavo. EL UMBRAL rescata la herencia que contiene nuestra cultura liberadora, define nuestra personalidad social, nutre la propia visión y es liberadora. Que no puede ignorarse

Marco ideológico (categorías euro anglo céntricas)

El Proyecto del Ochenta definió que la organización nacional argentina debía estar orientada a desarrollar el modelo civiliza torio europeo, lo que concretó a través del sistema educativo cuyos resabios siguen vigentes. Todo funcional a que sigamos aceptando como verdad irrefutable una realidad ajena.

“¿Queremos plantar y aclimatar en América la libertad inglesa, la cultura francesa, la laboriosidad del hombre de Europa y de Estados Unidos? Traigamos pedazos vivos de ellos en las costumbres de sus habitantes y radiquémoslos aquí” (Alberdi, Lasa Bases, Cáp. XV). (7)

Es tiempo de advertir que la Revolución Francesa de 1789 y la Revolución Bolchevique de 1917 que generan las categorías sociológicas liberales y marxistas, respectivamente, si bien describen la realidad de los países centrales respecto de los cuales se desarrollan, no dieron ni dan cuenta de los fenómenos suramericanos, ya que lo que aquí esta en juego no son meras clases, sectores o intereses. Lo social y económico está profundamente imbricado en elementos culturales, étnicos e históricos.

La economía política (inglesa –llamada clásica-) desde el siglo XVIII se basa en la división de la vida socioeconómica de las naciones en tres categorías: Tierra, Capital y Trabajo (Adam Smith), con sus respectivas retribuciones: renta para el factor tierra, interés para el factor capital y salario para el factor trabajo. Categorías aceptadas como “naturales” al orden de la revolución industrial capitalista por Carlos Marx.

Factores de producción que, en realidad, no son tres ni están divididos de esa manera, ni la retribución que reciben, desde el punto de vista social ofrece un carácter justo y equitativo. El trabajador es una categoría integral que actúa en todas las categorías económicas, tema no menor ya que es justamente el trabajador el enemigo explícito del antiproyecto.

Plexo ideológico que omite dar visibilidad al capital puramente financiero (especulativo) lo que hace al no diferenciarlo del capital aplicado a la actividad industrial (productivo), también funcional al antiproyecto.

Aportes sustantivos con los que (nos) provoca y convoca en su investigación Jorge Bolívar al poner en evidencia la necesidad de apelar a nuevas categorías que desarrollen un marco teórico conteste a la realidad, la nuestra.

Adam Smith y la economía política inglesa, llamada clásica, que todavía se estudia como “verdadera” en nuestras universidades del área, parcela y oculta la verdadera dimensión del trabajo, pero también confunde al ocultar la diferencia entre la actividad puramente industrial y la actividad puramente financiera, amparándolas a ambas en la misma categoría (8).

A su vez, Marx ofrecerá como opuestas las categorías socio-económicas de los Propietarios (burgueses) y los Proletarios, los cuales también acotan la figura del trabajador sólo a la clase obrera industrial; ocultando también la diferencia entre el emprendedor industrial y el capitalista financiero.

Aceptada la lógica que sostiene que venció el capitalismo y ello produjo el fin de la historia, producida la perestroika, la reestructuración de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín, el ingreso de China al mercado, irrumpen las “centro” izquierdas y derechas, pretendiendo ser el aggiornamiento ideológico producto de la inevitabilidad del modernismo lo que deriva en lo que denominan nuevo (neo) liberalismo y socialismo, ambas profundamente mercadocéntricas.

Entropía y antiproyecto.

Sin conciencia de lo que somos no somos verdaderamente, sino con un ser prestado. Es una obligación pensar desde sí. No hay substituto. No se compran “modelos de país” en un supermercado internacional. Aún cuando algunos arguyendo –sucesivamente- el fin de Dios, del hombre, de la ideología, de la historia, ofrezcan tentadoramente “últimos modelos” a supuestos precios de liquidación bajo la amenaza de perder la última oportunidad, enseña Cirigliano:

Pensar desde sí, para ser uno mismo, es liberarse. Despojarse de lo ajeno, deseducarse. El pensamiento ajeno, cuando uno no es libre, no ayuda, ocupa -desalojándola- nuestra posibilidad de pensar lo nuestro desde nosotros mismos. (9)

El antiproyecto es entrópico, tiende a nuestra desorganización. Nace por la sedición y la usurpación del poder de quienes decían que venían a organizar, autodenominándose engañosamente “Proceso de reorganización nacional”, fraude comunicacional con el que mantiene y camufla la vigencia de lo especulativo sobre lo productivo, como cuando para garantizar el negocio de los bancos denomina ley de solidaridad a la que despoja a los jubilados, o de flexibilidad a la que en realidad precariza el empleo para facilitar los despidos de los trabajadores.

Si el antiproyecto que padece la Argentina no es, en definitiva, sino un dispositivo de una configuración mundial de los mercados financieros especulativos que se desarrolla en detrimento, inclusive, del propio capitalismo productivo, su "enemigo" último, lo que necesariamente debe destruir, no será, por supuesto, la "subversión" ni el "comunismo", ni tal o cual ideología o partido, ni el sistema democrático como tal, etc. etc., sino aquello que es lo diametralmente opuesto a la especulación, esto es, el trabajo. (10)

La propia visión y la superación de dogmatismos que esconden remozadas formas de dependencia, impone apelar a nuevas categorías de análisis. Lo que inicialmente conduce a diferenciar lo que denominaremos concepciones mercadocéntricas (neo socialistas y neo liberales) de las pueblocéntricas que, más allá de su denominación formal, tienen como objeto y sujeto al pueblo y sus necesidades.

Las mercadocéntricas, que expresan los intereses de lo que se denomina “aldea global” contienen otras categorías que denominaos especulativas y que diferenciamos de las productivas, que hacen centro en el trabajo del pueblo.

Remarcando finalmente como categoría abarcadora del conjunto lo público que más allá de quien lo gestione expresa lo que es de titularidad social, de la comunidad, y que se diferencia lo privado, de titularidad particular y por lo tanto sustraído a la propiedad colectiva.

Parece claro que el antiproyecto es profundamente mercadocéntrico, especulativo en desmedro de lo productivo, y que por convertir en negocio los derechos (salud, seguridad social, etc.) y los bienes sociales (recursos naturales, servicios públicos, etc.) sostenidamente desplaza lo público (lo de todos) a favor de lo privado, privando del uso de lo común al pueblo para facilitar el beneficio de muy pocos (concentración). Lo que identifica por oposición (natural) los ejes sustantivos del Proyecto de País pendiente: lo público, lo productivo y lo pueblocéntrico. Categorías que si bien son actuales podemos deducir de las formas organizativas que en toda nuestra historia se dieron los pueblos en cada proyecto.

Los proyectos transitados, vigencias y herencias.

La familia es un pilar básico de la organización comunitaria en nuestros primeros habitantes. Será familia extendida en los Guaraníes, Tehuelches y Mapuches, nuclear y extensa en los Diaguitas, Omaguacas y Atacamas. El culto a la madre tierra (Pachamama) es el eje central de la economía de los pueblos del NOA. El pueblo trabaja en actividades agrícolas, ganaderas, textiles y metalúrgicas.

El Pacto como institución entre iguales es pilar de la organización familiar y herramienta fundante de las relaciones políticas internas y externas, aliándose para faenas económicas y para la guerra.

El sincretismo religioso y el mestizaje preexisten a la colonización española. La armonía con la naturaleza es el legado ecológico que nuestra personalidad biológica y culturalmente mestiza debe asumir. Mal que pese a quienes para europeizarnos pretenden que los argentinos “descendemos” de los barcos, los marcadores genéticos (halogrupos mitocondriales) de nuestros primeros habitantes acreditan una herencia –vía linaje materno- que llega a superar el 50% en muchas regiones de la patria.

Del Proyecto Colonial Español heredamos la Fe y la lengua, la conformación de un sistema educativo incipiente (Cabildos, parroquias), la gestación del ganado cimarrón que será base del recurso natural que se potenciará en nuestros campos, Buenos Aires como epicentro político geográfico.

Las Misiones Jesuíticas nos legan la organización del trabajo comunitario, el respeto a la identidad de la persona, la potenciación de las propias aptitudes y capacidades, la satisfacción de las necesidades sociales, una forma de comunidad organizada y el primer código de trabajo (Ordenanzas de Alfaro). La primera Universidad de la Argentina, la Universidad Nacional de Córdoba, cuyos libros luego se incorporarán a la primera biblioteca pública, fundada por Mariano Moreno y que se convertirá en la actual Biblioteca Nacional. La acción de evangelización inculturada que permitió rescatar y valorar la religiosidad popular, así como el culto mariano, a la Virgen de Luján, a la Virgen del Milagro en el NOA, a la de Caacupé en Misiones, que se extiende hasta la Virgen Morena en México, conteniendo un mandato unitivo (lo femenino) continental.

Del proyecto independentista heredamos la conciencia de la prioridad de la independencia, la liberación de la dominación externa, las demandas por la emancipación y derechos de todas las clases sociales y la idea de la revolución como modelo de cambio social. Como también el ejemplo de la movilización de todos los sectores del pueblo por la causa común, la concepción de la misión del Ejército como defensa de la patria, la solidaridad con los países suramericanos del mismo origen, el federalismo como forma de organización del Estado, el liderazgo de los movimientos populares y la figura del gaucho como símbolo de la libertad y la rebeldía nacional.

La principal vigencia heredada del Proyecto del 80 es el Estado Nacional argentino construido en esos años con instituciones que se organizan en función de un sistema político presidencialista. Sistema que sigue vigente, aunque ha sufrido varias rupturas realizadas por golpes de estado militares, y un “tembladeral jurídico político” producto de la abrogación de facto de la Constitución de 1949, y el incumplimiento de los preceptos de protección social.

Si bien se puede considerar una herencia valiosa la preocupación de construir una nacionalidad patriótica, una herencia negativa es la idea de construir poder en base a profundas dicotomías político-sociales que han dificultado y dificultan todos los necesarios intentos de oxigenar los sectores políticos con una cultura de unión nacional básica, y una ideología liberal totalitaria argentina que no admite, en la práctica, ni siquiera rotaciones de poder democráticas teorizadas con otros valores culturales y con otros proyectos de país, que utiliza el Proyecto del 80 como modelo de “dependencia inteligente”, sirviendo a la idea de que es mejor ser socio económico cultural al servicio de una política imperial que enfrentarla para servir a una doctrina propia de liberación nacional que procure satisfacer a la totalidad del pueblo y no sólo a una relativamente pequeña clase alta de nivel adquisitivo internacional.

Otra vigencia problemática, también heredada del Proyecto del 80 es la falsa opción –enconada por la concepción bélica de las distintas formas de expresar el poder terrateniente y agrario de los productores rurales – entre el campo y la industria.

El erróneo conflicto que ha separado durante décadas al campo de la industria y que ha dificultado un desarrollo económico argentino más armonioso y, por ello mismo, más poderoso, debe ser superado, y constituye – sin duda – una de las bases posibles de un nuevo proyecto nacional.

Otra vigencia con herencia, en este caso positiva, nace de los esfuerzos de construcción de una nacionalidad argentina que, si bien en forma tardía decidió exaltar nuestra latinidad, reconoce su nexo con Europa, pero lo hace con aquellas culturas, valores y regiones que nutren genéticamente nuestra actual población nativa (las inmigraciones españolas e italianas).

El Proyecto de la Justicia Social nos deja como herencia y vigencia la identidad e integración nacional y latinoamericana como valor, y la felicidad del pueblo como motor de realización. El trabajador es el sujeto y la comunidad organizada a través de las organizaciones libres del pueblo el marco de la democracia real. Aporta una propia ideología nacional, el Justicialismo, e institucionaliza los derechos sociales y la titularidad popular de los recursos naturales en la Constitución de 1949. Conforme la práctica de nuestros primeros habitantes concreta en 1974 el Pacto Social entre iguales (CGT, CGE y Gobierno). Asume la visión geopolítica interna y continental, aportando a la configuración de la Tercera Posición como modo de alineamiento ajeno a la bipolaridad emergente de la guerra fría entre EE.UU. y la URSS.

El Proyecto de País se incluye en la currícula educativa. Concreta la alfabetización plena, expande la matrícula secundaria, deroga los aranceles universitarios, crea la Universidad Obrera. La educación, la salud, la vivienda, el trabajo digno, la protección a la niñez y la ancianidad son un derecho real. Se institucionaliza el estado de seguridad social, financiado por el pleno empleo y la productividad nacional.

El conductor político de ese proyecto reconociendo la mayoritaria expresión del mismo, anotaba que:

“En países como el nuestro, de abundancia extraordinaria, no puede tolerarse la desgracia, el hambre y la miseria en medio de la opulencia” (11)

En suma, al rescatar de toda nuestra historia la forma en que nos organizamos, en que nos proyectamos, en que vivimos, lo que hemos sucintamente narrado en base a los primeros avances aportados por los investigadores que tienen a cargo cada etapa, acredita que nuestro fin deliberado es asumir y revertir lo que Jauretche decía cuando afirmaba que:

El intelectual argentino mira la realidad que tiene delante y suele no entenderla. Por ello acude al catálogo de categorías explicativas traído del extranjero…

Víctor Santa María - Daniel Di Bártolo - Horacio Ghilini - José Luis Di Lorenzo

Sec. General SUTERH -Sec. Gremial SADOP -Sec. General SADOP -Presidente IMA

(1) Cirigliano, Gustavo F. J. “Metodología del Proyecto de País”. Editorial Nueva Generación, noviembre de 2002
(2) Ob. cit.
(3) Ob. cit.
(4) Ob. cit.
(5) Bolívar, Jorge. Ver investigación Proyecto del Ochenta.
(6) Poratti, Armando. Ver investigación Proyecto de la Sumisión Incondicionada al Norte Imperial.
(7) Cita tomada de Metodología para el Proyecto de País.
(8) Bolívar, Jorge. El Proyecto del Ochenta.
(9) Cirigliano, Gustavo F. J. “Porque preciso luz para seguir”.
(10) Poratti, Armando. Proyecto de la Sumisión Incondicionada al Norte Imperial.
(11) Perón, Juan Domingo, Obras completas, Editorial Docencia, Buenos Aires 2002

26 jul 2008

EXPOSICIÓN EN EL SENADO ANTES DEL RECHAZO DE LAS RETENCIONES DEL ACTUAL SECRETARIO DE AGRICULTURA

PLENARIO DE LAS COMISIONES DE AGRICULTURA, GANADERÍA Y PESCA Y DE PRESUPUESTO Y HACIENDA.

10 de julio de 2008

Exposición del presidente del INTA, ingeniero agrónomo Carlos Alberto Cheppi.

Buenos días a todos y muchas gracias por la invitación.

Primero haré algunos comentarios muy generales sobre el INTA. Quizá en otra oportunidad podremos pactar una reunión específica para hablar de lo que hemos hecho en el INTA, porque realmente es mucho.

Pero voy a tratar de resumirlo en esta ocasión.

Me voy a referir ahora a algo que ya ha planteado el señor De Urquiza. El INTA empieza a perder presupuesto significativamente a partir del año 98, llegando a 2002 en su peor situación presupuestaria. Ese año, como ustedes saben, el Congreso dictó la nueva ley de financiamiento del INTA. A partir de 2003 empieza un proceso de recuperación, acompañado de una decisión política muy fuerte de recomponer el Estado en general, de lo que obviamente el INTA no escapó.

En 2002, el INTA tenía un presupuesto de 100 millones de pesos, de los cuales 98 millones eran para personal, que además estaba muy mal pago. En el año 2008 vamos a concluir entre 730 y 750 millones, como había expuesto Javier. Hemos tenido un refuerzo presupuestario hace un mes. Vamos a terminar ejecutando alrededor de 850 millones de pesos. O sea que el INTA en estos cinco años prácticamente ha multiplicado por más de ocho su presupuesto.

En 2004, en función de esta situación, realizamos un plan estratégico institucional, que llevó tiempo porque fue acordado con todos los sectores, obviamente con el sector agropecuario, pero también hubo mucho trabajo con las provincias.

En ese plan estratégico nos propusimos tres cosas fundamentales. Una, recomponer inversiones. El INTA venía de un proceso de más de quince años de inversiones muy parciales y con proceso muy grande de desfinanciamiento.

Por otro lado, el tema del personal. Para el año 2003 el promedio de edad de nuestros técnicos era de 55 años, prácticamente no había jóvenes en el sistema, por lo cual iniciamos un rápido proceso de incorporación de recursos humanos jóvenes, que ha alcanzado a más de 1700 técnicos en estos cuatro años.

Pero, además, reformulamos el escalafón institucional. Fue el primer organismo público que logra el convenio colectivo en el marco del Estado. Hoy podemos decir que lo que se paga a nuestra gente compite bastante bien con el sector privado. De hecho, no se nos está yendo gente, como sí nos ocurría años anteriores, y en mucha cantidad.

En este proceso pasamos de unos 3000 empleados a 7000 en este momento. El INTA duplicó –y más— su planta.

Hubo una fuerte incorporación de técnicos al área de extensión rural, que era la que más había sido afectada en los 90. Se acordaron de varios intentos de privatización, por lo menos de tratar de sacarnos la extensión agrícola.

Como no pudieron lograrlo, se desfinanció muchísimo, a tal punto que en cinco años, si no hubiéramos llevado a cabo esta política, el INTA se hubiera jubilado, porque la edad promedio de nuestros técnicos era de 55 años, como señalé anteriormente. Hoy ese promedio ha bajado a menos de 40 años de edad.

Sin embargo, persiste un problema: hay gente a punto de jubilarse. Entre este segundo semestre y el primero del que viene en el INTA se jubilan 600 personas, de las que una alta proporción son doctorados.

Por eso es que iniciamos este proceso de formación de recursos humanos jóvenes. Hoy estamos en pleno proceso de formación de más de 800 posgrados, que era gente que había entrado en estos últimos años, muchos de los cuales ya han concluido su posgrado y están haciendo su doctorado, pero ya incorporados a la planta del INTA.

En este proceso de formación de recursos humanos mucha gente fue al área de extensión rural, en el campo, apoyando fundamentalmente a los pequeños productores. No me voy a extender demasiado en este punto porque lo hará el señor Catalano cuando hable del Plan Social, quien además coordina el Centro de Investigación para la Pequeña Agricultura Familiar, que creamos en 2005.

El INTA históricamente trabajó para medianos productores –esto también hay que decirlo—, y en el mejor de los casos adaptando la tecnología para los más pequeños. Cuando me refiero a los más pequeños, me refiero a los “pequeños—pequeños”.

Me parece que hay un poco de confusión respecto de quién es un pequeño productor y quién no. Pero, como dije, el señor Catalano profundizará este tema.

Nos estamos refiriendo a aquellos productores del NOA y NEA que tienen entre 3 y 5 hectáreas, incluso algunos tienen sólo una—, que tienen entre 10 y 15 hectáreas promedio en Misiones. También en la Región Pampeana, que los hay, que están en general alrededor de los pueblos y ciudades del interior.

Este sector ronda los 150 mil productores en el país. Como dijo el señor De Urquiza recién, hemos trabajado juntos alrededor del Foro Nacional de Agricultura Familiar y muchas otras organizaciones que se están incorporando. No había desarrollo de investigación específicamente para este sector.

En este momento, y en acuerdo con la provincia de Formosa, ya está funcionando un centro, que demandó una inversión. Estamos por inaugurar una nueva unidad en la Posta de Hornillos, en la Quebrada de Humahuaca, que abarca todo el NOA. La unidad de Formosa, en Laguna Naineck, es para el NEA.

Generamos otro instituto aquí, en el Parque Pereyra, en La Plata, que abarca básicamente la pequeña producción de la agricultura pampeana, pero también está trabajando en agricultura urbana.

Por otro lado, tenemos la decisión política tomada de hacer un nuevo instituto, en convenio con la provincia de Neuquén. En estos años ya teníamos la decisión, pero no pudimos realizarlo con el anterior gobierno. Lo estamos haciendo en este momento. Está definido el lugar.

Vamos a empezar la construcción, seguramente, el año que viene, pero vamos a disponer la gente antes de fin de año.

Un quinto centro se hará en la provincia de San Juan, sobre lo cual también ya hemos acordado con su gobernador.

Lo importante de estos centros es que los estamos haciendo en acuerdo con las provincias, utilizando universidades locales, con otro formato.

Pero, reitero, estamos hablando de investigación exclusivamente para la pequeña agricultura.

No estamos hablando de los productores de 100 a 200 hectáreas, de los cuales hablaremos posteriormente, que también son pequeños pero en otro contexto.

Ese es un trabajo que hemos realizado.

El otro punto, para más o menos concluir este pantallazo general de la política que hemos llevado a cabo desde el INTA, está relacionado a este aumento presupuestario muy significativo.

Diría que hoy el INTA tiene el presupuesto más alto de su historia, y no tengo ninguna vergüenza en decirlo, porque sumado a los recursos propios que generamos y a los que obtenemos del ahora Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación Productiva, el INTA tiene muchos más de 300 millones de dólares de presupuesto, de los cuales menos del 50 por ciento –tomado globalmente— va a personal.

Decíamos que del presupuesto de 100 millones el 98 por ciento se destina a personal. O sea, estamos en una situación muy ventajosa, les diría, comparándonos con todos los institutos de investigación similares al INTA de Iberoamérica.

Este es un dato muy relevante. Es una decisión política para una política agropecuaria.

Parece que esto se ignora generalmente, como si el INTA fuera una isla que se financia por alguna nube que aparece y nos da el financiamiento. No, señores, es financiamiento del Estado argentino, votado también en este Congreso.

El tercer punto se refiere a las inversiones. Desde el año 2003 en adelante hemos invertido más de 100 millones de dólares. Se realizó un fuerte proceso de inversión en infraestructura, porque era totalmente obsoleta. Estamos inaugurando laboratorios en todo el país.

De este proceso de inversiones, alrededor del 60 por ciento se realiza en las provincias, fuera de las áreas pampeanas. Hay un proceso muy fuerte de inversión en laboratorios de alta complejidad en el interior del país. Ustedes que vienen de las provincias saben que esto es así.
 Esta inversión se ha realizado, hasta este año, con presupuesto propio. No debemos nada.
 No se hizo con créditos.

Ahora estamos planteando, para los próximos cinco años, tomar un crédito del BID. Por los números que estamos manejando, este crédito, después de los cinco años de gracia que está otorgando el BID en este momento, y a una tasa del 6 ó 7 por ciento anual en dólares, no nos va a significar más del 7 por ciento del presupuesto cuando tengamos que pagarlo ¿Por qué tomamos el crédito en este momento? Si tenemos que seguir sacándole al presupuesto del INTA 30 ó 40 millones de dólares, que es lo que estamos invirtiendo anualmente, obviamente que resentimos el proceso de funcionamiento, a partir de que hemos duplicado nuestra planta y de que, desde el año pasado, muchos de los jóvenes que hemos incorporado pasan a tener su postgrado, a tener grupos a cargo y nuevos becarios. Por eso es que no podemos resentir ese funcionamiento.

En términos generales, diría que esto es un pantallazo. Imagínense que hay muchísimas cosas para charlar en más detalle, pero nos llevaría mucho tiempo. Me ofrezco a discutirlo, inclusive regionalmente, cuando quieran.

Hay mucho trabajo que se está realizando en este momento. Esto implicó un replanteo fuerte a la forma de planificar la institución y de definir las prioridades.

Hay un último punto. Hay un enfoque muy fuerte hacia el desarrollo. Nos hemos autoimpuesto la obligación de negociar sí o sí con las provincias y con los municipios.

Para los que no conocen todo, el INTA tiene en este momento cuarenta y siete estaciones experimentales, diecisiete centros de investigación y más de trescientas cincuenta agencias de extensión, que se venían cerrando hasta el año 2003.

Hemos abierto muchas nuevas, con buena infraestructura. De hecho, de la inversión que se realizará próximamente, más del 30 por ciento de los 170 millones de dólares que pensamos invertir, se destinarán al área de extensión a generar nuevas agencias, con vivienda y con recursos de informática.

Se realizará una fuerte inversión en el ámbito de las comunicaciones en el INTA. Hoy por hoy se está terminando una licitación por la cual todos los puntos del INTA están conectados en red, con banda ancha. Con lo cual, tenemos la posibilidad desde cualquier punto del país, desde La Quiaca a Tierra del Fuego, de generar procesos de teleconferencias al mejor nivel.
 Hay muchísimo para charlar. No me quiero extender más en esto para no quitarle tiempo al resto de la información que quiero comentar. En otra oportunidad podremos volver.

En este contexto, en octubre del año pasado le propusimos a la Secretaría de Agricultura –y lo hicimos— trabajar sobre lo que podría llamarse los techos productivos que Argentina podría tener para el año 2015. El trabajo lo hemos hecho totalmente con técnicos del INTA y de la Secretaría de Agricultura. Los techos productivos tenían un correlato con el Plan Estratégico Territorial, que desde la Subsecretaría de Planificación se estaba conformando. Veníamos trabajando con muchos otros organismos: Ciencia y Técnica, Secretaría de Agricultura, Secretaría de Medio Ambiente. Pero nos faltaba este dato.

Nos planteamos este trabajo con el objetivo de alcanzar el máximo posible de producción que pudiésemos tener, pero en un contexto de sustentabilidad ambiental y de equidad social. ¿Por qué digo esto? Porque en los 90, que tuvimos un altísimo crecimiento de producción –nadie lo discute—, no fue hecho en términos muy sustentables y sí con mucha inequidad social.

Como el gobierno está planteando un modelo que va, justamente, hacia la inclusión social, obviamente nosotros teníamos que preparar un trabajo en ese contexto.

Estas tres patas, sustentabilidad, competitividad y equidad social, son muy fáciles de decir y no tan fáciles de hacer, sobre todo si se hacen sin molestar.

En ese contexto, entre varias alternativas, la de máxima es que Argentina puede llegar al año 2015 con 148 millones de toneladas, sustentables y con equidad social.

¿Qué quiere decir esto? 148 millones es un número que, obviamente, impacta porque hoy estamos en alrededor de 100 millones. Entones, pasar a casi 150 millones es un dato, y en muy poco tiempo.

¿Por qué se puede y se debe hacer esto? Porque está pensado en un sistema donde debemos incorporar muy fuertemente la rotación de cultivos. Podemos decir que las 97 millones de toneladas que hoy se están produciendo no son sustentables. No hay sustentabilidad ambiental en las 97 millones de toneladas.

En esto quiero ser muy claro. A veces se plantea el tema de la siembra directa.

Obviamente, es una herramienta tecnológica espectacular que, además, la estamos exportando.

Después me voy a referir a eso.

Pero la herramienta sola no resuelve el problema si, a su vez, no respetamos la rotación de cultivos que hace falta.

La siembra directa basa, entre otras cosas, su futuro en un balance cada vez más positivo de carbono en la tierra. Esto no se está dando.

¿Por qué doy un dato. Tomando información de la zona que constituye el núcleo sojero más importante, que es Casilda y un millón de hectáreas a su alrededor —podríamos tranquilamente extrapolar ese estudio a alrededor de 3 millones de hectáreas—, más del 65 por ciento del área sembrada prácticamente no se fertiliza.

Además, en casi un 80 por ciento de ese 65 por ciento se hace soja sobre soja, con siembra directa.
Hago una comparación con lo que me enseñaron en los años 70, cuando estudié en la facultad, de que el enemigo público número uno era el maíz en esta misma región, que se llevó muchos centímetros del mejor suelo del mundo.

Hoy, gracias a que tenemos la siembra directa, tal vez no se nos esté llevando suelo, pero sí materia orgánica y nutrientes.

Menos del 10 por ciento en esa área a la que hago referencia hace una adecuada rotación de cultivo y fertiliza, aunque no al nivel que debería, pero puede decirse que adecuadamente. En cuanto a nutrientes, el balance sigue siendo negativo en los nutrientes, a pesar de que se fertiliza Entonces, acá viene un punto que creo que es tremendamente importante. Si esto, a su vez —y tenemos datos, obviamente—, lo llevamos al NOA, con el nuevo avance de la sojización en esa región, el 90 por ciento está haciendo soja sobre soja.

Hay solo un 10 por ciento de maíz.

Por lo tanto, en suelos más frágiles la sustentabilidad es mucho más comprometedora. Porque, además, con la deforestación que se hizo nos hemos arrimado, en muchos casos, a zonas realmente muy comprometedoras.
La tecnología tiene sus ventajas y se puede resolver eso. Pero hay que generar procesos de rotaciones totalmente adecuados.

Considero que más allá de todos los números que podamos expresar, de los mayores o menores datos que podamos tener, la realidad es que, por lo que explicó Javier y por toda la información que podemos tener, la rentabilidad es muy buena. Acá no se está discutiendo rentabilidad… Mejor digo, se está discutiendo rentabilidad, pero no es que estamos perdiendo plata. Acá nadie está perdiendo plata.

Entonces, ¿por qué no se fertiliza? Quiero que reflexionemos claramente en este sentido.

Acá hay una renta de doble piso.

Está la renta del propietario de la tierra, que hoy está cobrando, en las mejores zonas, 600 dólares por hectárea, y la renta del que produce —el contratista, etcétera—.

La Argentina es, quizás, el único país del mundo que tiene este sistema de producción, donde, en promedio nacional, el 60 por ciento se hace por arrendamiento. Ningún país del mundo supera el 30 por ciento en este sentido. Y en esta zona de la que yo hablaba, de alrededor de Casilda, el 80 por ciento se hace por arrendamiento.

Claro, el propietario quiere cobrar los 600 dólares, y está en todo su derecho. Quien trabaja la tierra, a su vez, quiere ganar 300 dólares, que es más o menos la rentabilidad que se quiere obtener. Entonces, estamos hablando de 900 dólares de renta por hectárea. Esta es la discusión de fondo.

¿Y por qué no se fertiliza o se fertiliza mucho menos? Porque a los valores de la cosecha anterior, 300 dólares es aproximadamente es el costo de lo que uno debería fertilizar.

Obviamente, si fertilizo pierdo renta. ¿Entonces qué hago?

Pierdo un poco de rendimiento, total la Pampa Húmeda argentina todavía aguanta, tiene todavía carbón y nutrientes que podemos seguir extrayendo sin reponer.

Y la renta de corto plazo hace, tanto para el que la produce como para el dueño de la tierra, que tampoco se fija en esto… Y, ojo, no es que esto nosotros no lo hayamos dicho en el INTA; no es que lo descubrimos hoy por este debate.

Esto lo venimos trabajando fuertemente desde hace más de diez años, alertando sobre los balances de carbono y nutrientes de quien arrienda el campo, que es quien se debería preocupar por esto.

Pero también el suelo es un bien de la Nación y de la patria, por lo que debemos generar alguna política para revertir esta situación.


Vayamos a la hipótesis de máxima: no tenemos retenciones. ¿Ustedes creen que quien alquila el campo se conformará con 600 dólares? ¿No va a pedir 800 ó 1000 dólares de renta?

Hasta ahora esto se ha ido trasladando al aumento del cobro del arrendamiento.

Reitero que esto tiene que ver con aspectos tecnológicos. Esto no es sustentable… No es sustentable.

Entonces, lo de la renta extraordinaria viene por este lado. Quien arrienda el campo, a su vez no tiene que reinvertir absolutamente nada para volver a cobrar el arrendamiento al otro año, lo cual sí debe hacer quien hace de contratista, porque tiene que invertir todos los años para poder sacar esos 200 ó 300 dólares que pretende.

A nuestro entender, éste es uno de los grandes problemas. Cuando uno analiza la estructura de costos, tanto que se dice que el glifosato aumentó el 100 ó el 200 por ciento, al igual que muchos de los agroquímicos, en realidad sumados los fertilizantes y los agroquímicos en general, ese costo no supera el 20 por ciento.

Si a su vez le saco el fertilizante, el costo de los agroquímicos no es tan grande, lo que no quiere decir que no se pueda tocar eso también, y lo hemos charlado con Guillermo Moreno muchas veces.

Pero cuando uno analiza la estructura de costos, que es la que me interesa para meter más o menos tecnología, el 36 ó el 40 por ciento —depende de las zonas de que se trate— es de arrendamiento. Entonces, contra eso hay que hacer algo. No sé si con la ley arrendamiento solo va a alcanzar, pero algo hay que hacer.

El tema es que el Estado es quien debe intervenir fuertemente en este proceso.

Hay algo más, que no es menor. Los técnicos míos me dicen que la soja en este contexto —y digo así porque la soja no es mala per se, sino que depende del contexto en el cual se esté produciendo el proceso— es “lechicida”, “vaquicida”, “triguicida”, “maízcida”, etcétera.

La soja avanza porque es el parámetro de la economía agropecuaria, como hasta hace no mucho tiempo era el kilo de carne y mucho más atrás en el tiempo era el kilo de lana. Hoy son los quintales de soja. Todo el proceso económico surge y se referencia en quintales de soja. Quedan muy pocas zonas donde no se referencia todavía el alquiler en quintales de soja. Una es el área de donde vengo, el sudeste de la provincia de Buenos Aires, que todavía se sigue manejando en quintales de trigo. Pero lo va corriendo la soja, porque a medida que empieza a haber un poquito más de soja, también comienzan a confundirse los tantos.

Entonces, en ese contexto hay que poner límites a este proceso.

Fíjense ustedes que con las retenciones en estos días ya han bajado los arrendamientos de los campos. O sea que el efecto de las retenciones no ha sido tan malo, porque, además, era un efecto buscado.

Obviamente que esta ley sola no alcanza para resolver todos los problemas. Como dijo Javier hace un rato, hay muchísima política agropecuaria que debemos hacer, porque las cosas son muy complejas. Lo que podemos hacer para resolver problemas, a veces, para la Pampa Húmeda –por ejemplo—, puede no causar el mismo efecto, a lo mejor, en el NOA o en el NEA.

Pero, reitero, hay que poner un límite. El Estado debe intervenir.

En estos días he escuchado demasiadas cosas, muchísimas de las cuales con muy poco fundamento y mintiendo. Hay que ser claros: se miente, porque cuando se habla de que los pequeños productores, en función de esta ley, desaparecerán, es una gran mentira.

A su vez, esto viene acompañado por un límite que se le va a poner a los fideicomisos agropecuarios que, obviamente, por un tema impositivo, tenían más posibilidades de arrendar más caro. Pero, reitero, aunque desaparezcan esos fideicomisos, si no hacemos algo con la renta de la tierra tampoco lo vamos a resolver.

Porque la pelea igual se va a dar por los pequeños contratistas y pequeños productores. Alguien que tiene 100 hectáreas pero, a su vez, arrienda 500, 600 ó 1000 hectáreas deja de ser un pequeño productor. En eso tenemos que ser claros.

Nosotros, que trabajamos con los pequeños, medianos y grandes productores, sabemos quién es pequeño. Son 150 mil, a quienes después se va referir Catalano. El resto de los productores también hay que defenderlos y darles.

Por eso creo que con lo que se ha modificado en la Cámara de Diputados, por ejemplo, le devuelve a un productor —como lo planteaba recién De Urquiza con los números— mucho dinero. La ONCCA le va a devolver a los productores que tengan 100 hectáreas más de 15 mil dólares.

Tenemos que clarificar muy bien quién es pequeño, quién es mediano y quién es grande y cuáles son los intereses que se mueven alrededor de todo esto.

Para terminar, —porque me están apurando—, digo, para que quede muy claro, que este modelo económico necesita de un Estado interventor; no hay forma de que así no ocurra.

El modelo —no soy el más calificado para definirlo— tiene tres: tipo de cambio competitivo, superávits gemelos e inclusión social a través de la generación de empleo, que se ha dado, y en forma muy importante.

La presidenta dijo que necesitábamos una nueva independencia a través de un proceso de desarrollo nacional. No hay forma de cumplirlo —y no ha habido otra forma en la historia de nuestro país— sin un Estado interventor. Cuando se dice que hay que bajar o sacar las retenciones, lo único que se logrará es transferir la inflación internacional a todo el sistema.

Es probable que cuando los productores hagan sus números digan: “Si a nosotros nos ponen en el uno a uno de vuelta, con los precios internacionales actuales, esa concentración económica que ya está dada se fomente, puede ser viable”.

Pero lo que no va a ser viable es el resto del país. Las fábricas de maquinarias agrícolas se recuperaron después de 2002 y 2003 y hoy exportan y transfieren tecnología al exterior que a veces no aplicamos en forma completa acá. Es una herramienta espectacular para que el país produzca mucho más agroindustria, sostenida en la industria que vende al mercado interno.

Hay un espacio enorme para avanzar en otros procesos industriales. Porque las 148 millones de toneladas de cereales que producimos también las acompañamos con más leche, con más carne vacuna, de cerdo y de aves. Eso sí genera desarrollo en el interior del país. Son valores muy adecuados. Eso lo estamos trabajando desde el área de extensión, en las zonas más conflictivas de la Pampa Húmeda.

Hace pocos días hemos tenido charlas sobre este tema con Eric Calcagno, cuando estaba cumpliendo funciones en la SePyME. Hay Muchísimo trabajo para hacer. Pero, obviamente, hay que definir claramente que la transferencia de recursos de estas rentas, y por todo lo que se ha debatido en estos últimos días en todo el país, tienen que generar una posibilidad, no la única, de transferir recursos al resto de la economía. No hay otra forma de desarrollar un país.

En ese contexto es que nosotros “bancamos” este tema, porque no hay forma de que se genere un proceso de desarrollo con inclusión social en serio si nosotros no desacoplamos los precios internacionales del mercado interno. Reitero, el precio de referencia en todos los cultivos y en toda la producción es la soja.

El otro día, cuando pactábamos con los tamberos, nos pedían que los hiciéramos competitivos con la soja, porque un tambero que está en un área agrícola tiene que pagar los 600 dólares de alquiler. Y eso le implica un 25 por ciento mínimo de sus costos.

¿Dónde está la solución? Le tenemos que poner un precio a la leche, que de ninguna manera se puede sostener internamente si queremos ir a la competencia con la soja Ahora, reitero, todo está enmarcado en mantener esta renta de doble piso. Creo que por ahí está la cosa y con eso quiero concluir. Muchas gracias.